'ADN Athletic', por Guillermo Estecha

Comentaba en los días previos al partido ante el Sevilla con un compañero de profesión, y socio señero de la APDB también, las posibilidades con las que se presentaba el Athletic al partido determinante de su temporada. Entre todas las cábalas que nos repartimos –desde la más optimista a la más negra- terminamos coincidiendo en que lo más lógico sería que aún quedara en el aire la resolución final por el cuarto puesto tras jugar ante los de Emery.

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Que un empate era un resultado lógico y también muy interesante para los de Valverde y que sobre todo, el hecho de que los leones alcanzaran un logro tan excelso como una clasificación para la previa de la Champions, era un acontecimiento a la altura de los grandes momentos del club. Y claro, ¿cuándo se ha visto que el Athletic alcance con holgura la obtención de un objetivo especial? En las Ligas, en el último subcampeonato, en una clasificación europea, en los años duros de la permanencia... siempre ha primado la igualdad, la angustia, la épica, la espera hasta la última jornada. Si acaso, la penúltima.

Pues afortunadamente esta vez nos hemos confundido. Esa circunstancia que tan bien identifica nuestro compañero Jon Aguiriano cuando recuerda que el Athletic no pierde la oportunidad de perder una oportunidad, esa versión agonística que creíamos incrustada en el ADN de este equipo, ha dejado paso a otra versión que responde a una lógica implacable: la del que ha hecho un temporadón extraordinario y no ha dado apenas motivos para dudar de la consistencia del objetivo que se había marcado.

El Athletic ganó y ya sólo falta que lo demás caiga por su propio peso desde aquí hasta mediados de mayo. Ganó el partido clave, lo que supone que antes ha tenido que ganar un buen porrón de puntos que le permitan llegar a ese partido clave. Se dio una lección, una más, ante un rival directo. Plenos de madurez, ahuyentando bloqueos o tensiones que pudiera generar el exceso de responsabilidad... se jugó con temple, con seriedad, con amplitud. Y lo mejor de todo, esa seguridad y esa solvencia no solo la ha interiorizado el equipo, sino que la ha transmitido a todo el que lo ha querido ver.

El personal vivió los previos con la liturgia habitual de las grandes citas. Se preparó para una final, pero con la misma normalidad con la que algunos aficionados se marcharon para casa minutos antes de acabar el partido con todo decidido, como si fuese el día del Almería, el Valladolid o el Málaga. Se animó y empujó al equipo con tesón y contundencia, pero con la misma normalidad con la que en otros momentos calló saboreando en prolongados silencios cualquier detalle de lo que ocurría en el campo.

En definitiva, se ha dado ese paso grande que otras veces se terminaba quedando a las puertas. Y que todas esas señales de consistencia empiecen a grabarse en el ADN rojiblanco de cara al futuro sería una de las mejores conclusiones.

Guillermo Estecha, periodista y socio de la APDB.

Imagen: www.athletic-club.net