40, por Ernesto Díaz

Cuarenta es el llamado número natural que sigue al treinta y nueve y precede al cuarenta y uno. Elemental, López. Y este artículo lleva el neutro titular de 40.

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No voy a referirme a los 40 días con sus noches que permaneció Moisés en el monte Sinaí donde recibió los Diez mandamientos; ni hacer referencia a los 40 grados de fiebre, cota que abre las puertas del peligro; tampoco a los 40 Principales, la radio musical líder en esta cosa conocida por España.

Es más, ni pienso recordar a Fernando Vizcaíno, por cierto valenciano, autor de ‘Contando los 40’, un libro de crónicas que siguió al conflicto bélico español; tampoco a ‘Alí Babá y los 40 ladrones’, cuento clásico, luego hecho cine de aventuras en 1944 y mucho después musical de éxito: tan siquiera tiene que ver con XL, que resulta número romano o, según se mire, la talla de una camiseta.

En esta travesía de la primavera de 2014 se cumplen 40 años de la victoria del piloto alemán Walter Röhrl en la octava edición del Rallye Firestone, una prueba que celebrada por primera vez en 1952, para automóviles y motocicletas, renació de la mano de la Real Peña Motorista Vizcaya en 1968 y se mantuvo en el calendario competitivo hasta 1979.

Su historial y su lamentada ausencia han elevado al Rallye Firestone al status de carrera mítica. En mayo de este año, los herederos de aquella potente RPMV han desempolvado el pasado con acierto al homenajear a Röhrl con motivo de su prueba de coches clásicos, el Rallyestone.

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Tanto como periodista que aficionado al deporte, mecánico o no, ví y viví todas las ediciones de aquella colosal cita anual con figuras del volante como Sandro Munari –luego campeón del mundo-, Antonio Zanini, Ari Vatanen, Jorge de Bagration, Bill Coleman, Jean-Pierre Nicolas, Lief Asterhag, Marc Etchebers, Roger Clark, Andresz Jaroszewicz, Antonio Borges – piloto bandera de Portugal-, Chris Sclater y nuestro Carlos Pradera, por citar algunos.

Y claro, los significativos Lancia Fulvia HF o Stratos, Porsche 911, Fiat 124 Abarth, Renault Alpine 100, Opel Ascona, Ford Escort RS y las variantes de los 1430-1800 fabricados por Seat. Y las espectaculares puestas en escena de las salidas y llegadas de un rallye desparramado por carreteras de Gipuzkoa, Álava, Navarra, Burgos, Cantabria, La Rioja y Bizkaia; las noches iluminadas por los faros de los vehículos en sus zigzagueos pro las rampas y sonorizadas por los rugidos de los motores; las madrugadas de apasionada espera del paso de los coches por miles de personas y más. Todo esto vivido y perdido, y, lo que es peor, sin esperanza de recuperación.

Nos queda, a los privilegiados de la memoria, el recuerdo. Y en este sentido, por ejemplo, el que 40 años atrás el conde de Villapadierna, entonces presidente de la Federación Española de Automovilismo, abriera el Firestone en el coso taurino de Vista Alegre. Lo hizo levantando la bandera de cuadros negriblanca sobre el Opel Ascona A 1.9 pintado de amarillo y verde que portaba el número 1 en las puertas delanteras siendo los tripulantes Walter Röhrl y Jochen Berger, éste fallecido en 2010.

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Röhrl guarda en su casa de Alemania recuerdos de aquel Firestone de 1974 del que fue director de prueba el bilbaíno Pedro Barrena. Su triunfo en el rallye solo lo discute el rumor de que, al final del tramo de tierra Incinillas-Soncillo, en el control complementario, se bajó del coche con el que tomó la salida en Bilbao para alojarse en un ‘muleto’ puesto a su disposición por los mecánicos del equipo oficial Opel. Una capa de silencio habría tapado la ‘operación’. Su clase nadie la pone en entredicho y ese año fue campeón europeo.
 
El famoso conductor alemán, tanto que se le sitúa entre los 10 mejores de la historia de los rallyes, logró los títulos mundiales de 1980 y 1982. Tras 18 triunfos y 31 podios en grandes pruebas a lo largo de su carrera, se retiró del automovilismo no sin haber actuado como probador de coches para Porsche.

La ‘fiebre’ por Röhrl y su Opel Ascona llevó al bilbaíno José Miguel Fernández Martínez a buscar por Europa un tipo A 1.9 y a encontrarlo en Covilha (Portugal); después a conseguir el equipo motor original y montarlo con la colaboración de Carrocerías Begoña y el asesoramiento de los especialistas de Opel-Alemania. Tras esta operación costosa en todos los sentidos, a presentarlo en sociedad y lucirlo.

Por Ernesto Díaz, periodista con más de 50 años en el Periodismo Deportivo