Bilbo FS femenino, en la élite de la impotencia, por Inma Pérez

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El fútbol sala no es el hermano pequeño del fútbol, es algo así como el primo lejano del llamado deporte rey. No nació en Inglaterra, sino en Uruguay, una de las grandes potencias futbolísticas de Sudamérica. Fue el profesor Juan Carlos Ceriani quién decidió acercar el balompié a canchas pequeñas destinada a otros deportes, y utilizando reglas de otros deportes (waterpolo, baloncesto, balonmano y fútbol) redactó el reglamento de esta nueva disciplina.

Pero el fútbol sala no es sólo el pariente lejano del balompié; es el gran olvidado. Y como siempre sucede en muchas parcelas, de la vida en general, y del deporte en particular, el femenino, sufre, además del olvido, el desamparo. Una situación que para el Bilbo FS femenino se convierte en un grito de impotencia en una temporada en la que, tras ocho intentos consecutivos y con mucho esfuerzo, ha logrado entrar en la élite de este deporte.

Tras su ascenso a la Primera División, el conjunto que entre a José Andrés Muñoz recibió los parabienes de prensa e instituciones, y fue agasajado por el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Bizkaia y el lehendakari del Gobierno vasco. No merecían menos las bilbaínas tras una exitosa temporada que finalizaron invictas, tanto en el campeonato liguero, donde sólo cedió dos empates (sumó 56 de los 60 puntos posibles), como en la fase de ascenso. Todo logrado a base de esfuerzo y tesón, solventando dificultades económicas, personales y laborales.

El estreno en la élite se presumía muy complicado, y así se está demostrando. El equipo bilbaíno logró el pasado fin de semana la primera victoria de la temporada, después de que a los cuatro primeros empates ligueros le hayan seguido otras tantas derrotas. El Bilbo se ha dado de bruces con la exigencia de la élite y con la calidad de unas rivales que, además, de contar con mayores apoyos económicos cuenta con un sólida estructura de base. Es el caso de los equipos gallegos, que disponen de cinco representantes en Primera, cuatro de los cuales ocupan el 'top 6' de la clasificación.

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Pero el Bilbo no sólo tiene que pelear con sus rivales, sino con sus propios problemas y limitaciones. Sin un patrocinador fuerte que respalde al equipo económicamente, lo que imposibilita los fichajes, y sin una estructura de cantera sólida de la que nutrirse para llevar a cabo un relevo generacional, la plantilla que dirige Muñoz cuenta con 16 jugadoras, con un promedio de edad de 28 años, que practican este deporte de manera absolutamente vocacional.

Juegan sin cobrar un solo euro; el club sólo hace frente a los viajes -largos y agotadores, en autobús y en el día- y a las dietas por desplazamiento-. Los tres entrenamientos semanales con los que cuentan para preparar cada partido son nocturnos, de ocho a diez. Es el horario menos recomendable dese el punto de vista del rendimiento, pero no queda otra cuando hay que compaginar deporte y trabajo –la mayoría de las jugadoras están empleadas, aunque también hay estudiantes, e incluso en situación de paro-. Con tales condicionantes, las bajas por lesión o por motivos laborales son una constante en cada partido.

Aun así, las chicas del Bilbo Fútbol Sala salen a la cancha cada sábado a batirse el cobre contra equipos que les superan en potencial físico y económico, sólo con el respaldo de los familiares y amigos que les apoyan desde la grada. Todo por amor a este deporte que seguirá sin aparecer en la mayor parte de la prensa deportiva y local, y que continuará sin tener la atención de instituciones y patrocinadores, salvo cuando se trata de salir en la foto.

***Por Inma Pérez, periodista y socia de la APDB