Félix Duque. Los románticos del hockey sobre hielo estamos de luto

HOCKEY SOBRE HIELO. Vizcaya Hockey Club


Son las 12,10 horas de una mañana de principios de octubre. Han pasado cinco días. Voy por la calle y me encuentro con José Manuel Góngora, el que fuera gerente de la pista de hielo Nogaro. “No te ví”, me dice frontal y a bocajarro. “¿Dónde debía de estar?”, le pregunto. “En el funeral de Félix Duque”, responde de inmediato. Mi particular cielo se encapota y oscurece. Recibo la noticia –el periodista acostumbra a darlas- como un dardo envenenado. Nada sabía, quizá por culpa de las secuelas del verano y del veraneo.

Regreso a casa con desazón y con cierta necesidad de volcar lo que llevo dentro. A los modernos seguramente nada les dirá el nombre de Félix Duque y a los del circuito periodístico, todo lo más, que era hermano de Iñaki Duque, querido compañero delegado de la agencia EFE en Bilbao, periodista olímpico y actualmente ejerciendo la Comunicación en el equipo de fútbol del Eibar.

A mí, sin embargo, me dice mucho un caballero del deporte, porque fue un ejemplo de compañerismo para el vestuario y un modelo de persona fuera de la escena del hockey sobre hielo en una época en la que, en Bilbao, se sucedieron las denominaciones de su equipo representativo: Nogaro, Vizcaya HC y Casco Viejo. Como portero fue el campeón de las suplencias porque coincidió con Guillermo Cabo, un meta excepcional que también lo fue de la selección española. Pero siempre que le relevó, ‘el Duque’ respondió con esplendidez.

En la foto de que acompaña este texto aparece Félix Duque en el centro de la primera fila, escoltado por Guillermo Cabo y Tony Tejerina, sus compañeros en la portería bilbaína. La instantánea gráfica corresponde a la temporada 1981-1982, un ciclo diamantífero en el que el Vizcaya Hockey Club sumó los títulos de Liga y Copa y debutó en la competición europea eliminando contra pronóstico al campeón de Francia, el Grenoble, para luego caer ante el campeón holandés, el poderoso Feenstra Flyers.

¡Qué tiempos aquellos, pardiez!. Yo acudía con mi block de notas y micro en mano a la pista de Artxanda para ver en acción a los Solozabal, Tito Macua, Txus Martín, a los Ortiz de Mendibil y a los dos Langarika, Egaña, Munitiz, Joe García, Del Saz y a las figuras extranjeras Grauer y Romanchuk, quizá los más conectados con el público de Bilbao y la ciudad de Bilbao de cuantos jugadores foráneos vistieron los tonos rojo y blanco de nuestro equipo.

Félix Duque -cuantas veces he estado con él- no podía evitar las felices añoranzas de sus años en el hockey sobre hielo: Yo tampoco le olvidaré por su sencillez, por su dignidad en el banquillo, por su entrega en la pista, por su lealtad al equipo. Dejó el deporte, se enganchó a los pucheros como cocinero. A los 62 años, un traidor cáncer, se lo ha llevado, eso sí, para no olvidarlo ni sus amigos, ni los románticos del hockey blanco. 

Por Ernesto Díaz.