Homenaje a Nito, por Ernesto Díaz.

Ha muerto en su querido Bilbao a los 93 años, víctima de una cruel enfermedad que le dejaba sin el aire, sin el oxígeno necesario, para seguir manteniendo el tipo. Juan Díez Torrecilla, el más veterano de los afiliados a la Asociación de la Prensa Deportiva de Bizkaia (APDB). Conocido en el mundillo del pugilismo por 'Nito'.


Juan Díez, alias 'Nito', cronista de boxeo en el desaparecido diario de la tarde bilbaíno "Hierro", tuvo, para los que sabían de las cosas del ring, idéntica talla de conocimientos que el gran Fernando Vadillo, la pluma ágil y novelesca del periódico 'As'.

'Nito' no era periodista, ni alardeaba de ello. En el periódico desempeñaba funciones de administrativo-cajero y se ocupaba de las ediciones y de los contactos con los voceadores del diario y los vendedores de los quioscos. Además, era el responsable de la rúbrica de boxeo porque, señores y damiselas de hoy en día, desde finales de los años 40 hasta bien mediada la década de los 70, Bilbao vivió una etapa dorada, ganándose una merecida fama como plaza preferencial frente a Madrid y Barcelona.

Eran los tiempos en los que la selección vizcaína dominaba en los cuadriláteros de los campeonatos españoles amateurs y en torno a los rings levantados en el Club Deportivo de Bilbao, en el coso taurino de Vista Alegre y en el Pabellón de Deportes La Casilla hervía el apasionamiento por los profesionales con el cruce de bofetadas de los noqueadores y el cintureo elegante y rítmico de los estilistas.

'Nito' podía impartir lecciones magistrales de lo boxístico; más que eso, adivinar en que asalto se produciría la caída del rubio esparragudo que portaba calzón blanco, también la suerte del boxeador acorralado en un rincón o vaticinar el momento de la descarga de un izquierdazo tras puntear reiteradamente con la derecha.

Sucedía que 'Nito' tenía muy desarrollados sentido e intuición en los berenjenales de las doce cuerdas. Yo le tuve numerosas veces a mi lado en las veladas y con él crecí en el conocimiento del boxeo y los boxeadores. "No ves, a ése le tiemblan las piernas. Es carne picada para el otro, se irá a la lona", me decía. "Éste tiene la cara del ganador", pronosticaba. Y advertía sobre otro "posee planta y movimientos bonitos, pero le falta dinamita en los puños". Y acertaba casi siempre.

'Nito' lo mismo hacía una crónica sucinta, escueta de líneas, que dibujaba el paisaje de una reunión de boxeo –naturalmente en la máquina de escribir- con los tipos de gabán largo, chaqueta y corbata, fumadores al borde del ring; las chicas que lucían abrigos y piernas, los managers con ceño fruncido y rasgos de amargor en los pómulos de la cara, los preparadores repartiendo instrucciones a sus pupilos, los 'rateros' de los carteles de las veladas –que los había- o empedernidos seguidores de tal o cual púgil espumosos en la victoria o cabreados en la derrota, los árbitros equipados con pajarita y camisa blanca finamente moteada de rojo por la sangre de los contendientes...

Jua'nito fue una gran persona, un conversador jocoso con guindilla en sus comentarios. Retirado del circuito del boxeo –en 1963 el Delegado Nacional de Educación Física y Deportes José Antonio Elola-Olaso le entregó la Medalla al Mérito Pugilístico-, se dedicó a la familia y preferentemente a los nietos, a los cuales adoraba y ellos le adoraban a él. A las jóvenes generaciones el apodo 'Nito' no les dirá nada. A los dinosaurios del Periodismo deportivo, en cambio, les recordará "un pintor de la mejor época del boxeo en Bilbao".